Habían atravesado parte de la ciudad por automóvil, pero Klaus estaba seguro que no podría volver a Nueva Orleans, era una estúpida idea y sería lo primero que pensarían. — Estás despierta—observó al ver a Hope. Klaus no podía describir los sentimientos encontrados al estar con su hija, al fin se había hecho lo que deseaba y no la dejaría ir así como así. — A unos cuantos kilómetros de Moscú—apuntó, justo al momento en que el automóvil entraba a al gran patio que Klaus había previsto. Como había pensado, este sería sólo un hogar temporal, si es que decía hacerlo permanente. Pero sus pensamientos siempre habían vagado hacia el hecho de que Hope lo acompañaría, por fortuna, por su propia voluntad. — Sí, y también puede ser tu hogar. ¿Quieres que te dé el primer tour?—Preguntó con una sonrisa ladeada, abriendo la puerta para luego ayudarle a salir. Antes de continuar, le susurró en voz muy baja a uno de sus hombres—: ¿Está aquí? Que esté ahí durante veinte minutos—ordenó y se giró hacia Hope—. Bien, allá vamos.
Diego se llegó una mano al cabello, con cierto nerviosismo. —No lo sé, Elijah, lo revisé yo mismo en dos ocasiones y el lugar estaba desierto—respondió luego de que Hayley hiciera una pausa. Elijah meditó sobre esas palabras y le fueron comprensivas: estaba desierto porque su hermana no había sido más que un cebo. Una pista a seguir desde Nueva Orleans. Pronto esos pensamientos fueron reemplazados por el semblante de Hayley, desolado y apagado, pero duro. No se comunicaban desde aquel día. Su relación se había apagado más rápido de lo que llevaba encendido. — Es buen punto—aceptó el hombre, levantando sus brazos de la mesa para caminar unos cuantos centímetros—. Pero debemos saber con quién contar. No más errores—recalcó hacia su sirviente moreno, no podían confíar en alguien que revelaría ante su hermano la noticia de su estadía en aquellas tierras con sólo pisarlas—. Necesitamos ser cuidadosos, pensarlo…—Lo dijo hacia Hayley, pues sabía que ella no deseaba esperar, pero sino lo eran, todo podía terminar mal, si es que no habían tocado el peor punto que, estaba seguro, así era. Los días sin Hope le parecían un martirio.
Hope trataba de distraerse y pensar del lado de su padre que le habían apartado a su hija porque ella lo había sentido de se modo o por lo menos hasta que había conocido a Elijah. La niña pensaba como decirle que quería ver a su madre y su otro padre, pero no había encontrado las palabras adecuadas porque acaban de llegar. —¡Está bien! — sonríe al escucharlo, quería conocer y saber de él por lo que dejó que lo hiciera y caminaba a su lado, la niña estuvo callada por los primeros diez minutos pero luego decidió hablar. —Charl… Digo papá, ¿Podré ver a mamá y a papá Elías? — preguntó cuándo habían entrado en la casa, se imaginó con que Rebekah, Elijah y Hayley estuvieran ahí pero también quería que Klaus estuviera. La niña se había soltado para mirar toda la casa que era muy grande, pero salió corriendo por el lugar y se detuvo al abrir una puerta que llevaba al patio trasero con una alberca, un inmenso jardín y había juegos, también una fuente. —¿Cuánta gente vive en este lugar? — Preguntó sorprendida, se acercó a la alberca para tocarla y sentir que estaba caliente.
Hayley tenía sus brazos cruzados sin apartar su mirada de Elijah, intentaba pensar que es lo que haría Klaus y no creía que estuviera en New Orleans, sin embargo, sí Klaus estaba ahí no dudaría en pelear por su hija sí era necesario pero sí no estaban pondrían juntar enemigos de Klaus, todos querrían acabar con Klaus de algún modo en aquella ciudad, vampiros, lobos y brujas. —Juntaremos a todos lo que podamos, tu hermano cruzó la línea— le dijo a Elijah y volteó a ver a Diego antes de dirigirse hacía la puerta pero volvió hablar antes de salir. —No voy a esperar— Fue lo único que le dijo antes de salir de ahí. Tomó su celular para marcarle a Rebekah que la veía en las afueras y que se irían, había planeado eso con la rubia hace unas horas pero había intentado contactar a los alrededores por cualquier defensa que el propio Klaus tuviera. Hayley tenía una pequeña maleta ya lista y solo lo cerró, pero en el buro estaba una foto de la boda que recién se las había dado, solo la miro por unos momentos sintiendo como una lágrima corría por su rostro pero la dejó ahí. La castaña se volteó bruscamente cuando escuchó un ruido a sus espaldas. —No me detendrás— Fue lo único que le había dicho antes de tomarla y pasar de lado de Diego que seguramente Elijah lo había mandado para ir directo a la salida.