Klaus no divagó más en el tema, pero observó de forma agradable la manera en que Hope se establecía en su cuarto. El conocerla siendo su amigo había tenido sus ventajas, conocía sus pasatiempos y gustos, aunque la mayoría estaban determinados por los conocimientos que Hayley y Elijah le habían transmitido. Ahora había llegado el momento en que él le heredara lo suyo. —Es bueno escucharlo, temía que tuviese pocos juguetes—musitó el híbrido con una sonrisa ladeada y a modo de broma—. Hope, ¿puedes quedarte aquí un momento, sólo serán unos minutos, y volveré con lo que te prometí, ¿de acuerdo?—Pidió, refiriéndose a esa tediosa llamada, antes de hacerla, debía de asegurarse de algo, valga la redundancia, de su seguridad. No era estúpido como para dejar cabos sueltos para el matrimonio feliz. Cerró la puerta tras el asentimiento de Hope, y llamó a la bruja.
Jackson observó el rostro de Hayley con fascinación, se habían escuchado historias de ella, largas leyendas que sus padres le habían inculcado, pero siempre había sido producto de su imaginación. Ese producto había cobrado vida en estos momentos. Ignoró prontamente al vampiro y se concentró en la morena. —Mi nombre es Jackson—se presentó, pero dado a las palabras directas de la mujer, él no pudo añadir nada más, ni siquiera extender la mano—. En realidad, Andrea, puede que sepamos más de ti de lo que crees—Informó el lobo, pero asintió a sus palabras—. ¿Qué tipo de trato?—Musitó.
Elijah salió del sitio sin poder despedirse de Hayley, aunque sus pensamientos seguían divagando entre ella y Hope. Sabía que, en cierta forma, la pequeña estaba a salvo, su hermano no se atrevería a dañarla, el único daño se los haría a ellos. Por muchos siglos le había perdonado las perdidas que le había hecho superar, pero esta vez algo en su interior no denotaba perdón. Su mayor perdida siempre sería Hope, y sabía que si no la recuperaba, lo perdería todo. Cuando su recorrido terminó por las pobladas calles de Nueva Orleans, el rostro de Marcel Gerard se hizo notar. — Primero que nada, Marcel, me gustaría que respondieras a un par de interrogantes—exclamó el original, acompañando sus palabras con un movimiento de mano—. ¿Desde hace cuánto que mi hermano abandonó la ciudad, y bajo qué términos?—Fue directo, porque el tiempo no estaba a su disposición.
Rebekah se había quedado callada ante los planes de su hermano y de Hayley. Aún podía ver el rostro de Klaus antes de volverle a clavar la estaca para mantenerla dormida. Sentía un profundo rencor hacia ese patán, y necesitaba una buena lección, aunque era Nik, dársela les costaría más a ellos que a él. Se dirigió en busca de las brujas, mientras las mismas la veían de forma extrañada en su arribo. Pronto atisbó a la bruja que buscaba y sonrió levemente, mientras se acomodaba en el pomo de la puerta. —La edad te ha pasado factura, ¿eh?—Opinó al ver el perfil de Davina. ¿Tanto tiempo había pasado? Bueno, no se veía mucho la diferencia—. Así que derrocaste a todas y te convertiste en la reina, te daré un premio al final del día, pero antes necesito algo...—Exclamó.
Hope le iba a preguntar si quería jugar pero al escuchar lo que le dijo simplemente asintió con la cabeza, había olvidado por un momento lo de hablarle a sus padres pero era lo mejor después de todo pasaría tiempo con su amigo Charlie, porque aún no lo podía ver como su papá. Se quedó ahí sentado al verlo salir pero miro alrededor curiosa, Hope se quedó mirando la pulsera que su madre le había dado que le daba levemente comenzó pero no sabía que era aunque siempre le había dicho que nunca se la quitará por lo que no lo hizo. Se levantó caminando por el lugar cuando escuchó una voz detrás suyo, pero no vio nada hasta que volvió a voltear y vio a la silueta de su abuela, desde que la había visto en el bosque solo unos días más la había visto pero después no. Retrocedió un poco pero se quedó ahí aunque le pedía la estaca, Hope se volteó y la vio en el piso sorprendida de que estuviera ahí pero cuando iba a preguntarle algo la puerta se abrió, Hope dio un saltó del susto pero al voltear ya no estaba más y al bajar su vista la estaca no estaba más, temía que las pesadillas volvieran a regresar.
La loba simplemente se encontraba con su mirada fija en la suya pero su rostro cambio al escuchar que le decía Andrea, su nombre real, o el que debió de haberse llamado. Mordió sutilmente su labio inferior al escuchar sus palabras pero no teniendo su postura aún firme. —Les ayudaremos a librarse de Klaus de la ciudad y que los lobos tengan un lugar en la ciudad, no que tengan que vivir escondidos en el pantano— El problema sería lo que ellos tendrían que ayudarles. —Lo único que queremos es buscar gente, toda la que se pueda para pelear contra ese bastardo— Su furia que tendría contra Klaus nadie la podría contener y aumentaba cada segundo que estaba alejada de su hija.
Marcel llevó una mano hacía su rostro pasandola sus dedos por sus labios pero no aparto la mirada del Original que se encontraba frente suyo. No tenía intensiones algunas de ayudar algún original o de que traer su regresó pero sabía que Klaus y Elijah no habían estado en los mejores terminos, había estado con Klaus esos años hasta que abandonó todo por buscar a su hija pero no esperaba el regreso del otro. —Tal vez podrías comenzar contestando que haces aquí, Elijah— Ver un original podría asustar a sus chicos y eso no le apetecía. —Tiene más de un año, solo hablaba de querer encontrar a Hayley— Klaus solía ausentarse por días, semanas quizás pero se había llevado todo y sabía que algo debía ser mucho más importante que la ciudad, buscaba a su hija.
Davina se detuvo cuando escuchó la presencia que estaba y volteó de inmediato al ver que Rebekah estaba ahí por lo que solo realizo una mueca, no era buena señal. —Así que es verdad, los originales han regresado— Dio un paso hacía el frente, el paso de los años había favorecido a Davina de sobremanera, era mucho más fuerte y más inteligente. Sus hechizos eran mucho más oscuros y podría casi interpretar lo que un anciano, su poder era muy grande. —¿Qué te hace creer que ayudaré algún original? — Como siempre solo la buscaban porque querían algo, no le sorprendía.