El original sabía que no necesitaba hacer uso de las palabras para convencer a Hope de salvar a su madre. La acción no era más que una teoría, basada en los años de experiencia, pero deseaba con todas sus fuerzas que en verdad funcionará. Condujo a su sobrina hasta el sitio en donde reposaba su madre, se quedó a unos cuantos centímetros de ambas. No le había narrado sus ideas previamente, y sabía que no se lo tomaría como una buena idea. Pero en este momento era lo único que tenían. Elijah jamás le pediría algo realmente malo o desagradable a Hope. Trató de comunicárselo con la mirada, aunque no estuvo seguro si lo logró. Como fuese, la decisión era de Hope. Buscó una rama delgada y la limpió, así no se infectaría a la hora del corte. Se acercó a la pequeña y le pinchó el dedo. Se alegró al saber que ella no hacía ni una mueca de dolor. Resultaba increíble observar la fortaleza con la que Hope Marshall se movía. Había crecido de sobre manera en unos cuantos días, tiempo que los demás habían ocupado para prepararse para la batalla.
Efectivamente, la sangre funcionaba. Esbozó una pequeña sonrisa, hasta que las palabras de Hayley comenzaron. Pudo traducirlas con un poco de tiempo, pese a que su mente se negaba a aceptarlo, Hayley se estaba despidiendo. Quiso callar sus palabras, quiso refutarlas, pero no podía hacerlo. Podía sentir como su corazón bombeaba de forma lenta y el color la abandonaba. La sangre había ayudado, pero no lo suficiente. Intentó que el hombre que había sobrevivido a siglos y siglos de historia no se quebrará, pero justo ahora tan sólo se mantenía de pie porque su propia naturaleza le impedía caer. Cuando Hope se alejó, Elijah correspondió con una sonrisa y prometió ir con ella.
Cuando estuvo a su lado, Elijah se hincó frente a Hayley y acomodó su cabello con delicadeza. Sentía que su vida se iba y él no podía hacer nada para remediarlo. —Hayley—murmuró, acercándose un poco más—, lo que siento por ti no lo había sentido antes, creía que sí, pero me equivoqué—comenzó, tratando de mantener su voz—. Te necesito. No puedo perderte, no puedo.—El hombre inquebrantable demostraba sus debilidades—. El día que aceptaste ser mi esposa fue el mejor de todos, y tengo más de un millón de días para elegir—musitó, casi sonrió—. Y es probable que este sea el peor de ellos… No me dejes, por favor. —Acercó sus labios a su esposa, besándolos con lentitud y delicadeza, como si fuese el primero, y en este caso, el último. Cuando se separó, observó las orbes de sus ojos. Su respiración lenta, su poca vida. Se acercó a ella y rodeó su espalda con sus brazos, abarcó todo su cuerpo. Protegiéndola de algo inexistente. No despegó sus ojos de Hayley, mientras pedía a gritos una cura. Elijah no podía perderla. No podía. No sabría cómo continuar.
Pero la vida era injusta. Un suceso cambiaba todo. La felicidad se destruía fácilmente, y la continuidad parecía quebrarse. Los humanos morían. Los seres sobrenaturales también. Nadie estaba exento, incluso cuando los originales así lo creían.
… Nadie estaba preparado para la muerte hasta que ocurría.
Los latidos de Hayley Marshall se fueron apagando, sus pulmones se escandalizaron y trataron de alcanzar el oxígeno de los árboles cercanos, pero ellos no cooperaron. Su naturaleza licántropa exigió curarse, pero el veneno fue aún más fuerte. Atacó con fiereza, se apoderó de sus glóbulos rojos y se extendió por todo el cuerpo hasta llegar al motor que le mantenía viva: su corazón.
Sus labios se entreabrieron murmurando algo y, finalmente, murió. Hayley Marshall dejó de existir. La mujer que había luchado desde que sus padres biológicos la habían abandonado, que había defendido su propia vida, aún con métodos que muchos no calificarían. Una mujer que había desafiado hasta el peor de los hombres. La madre que había dado todo por su hija. La esposa que había amado por siempre y para siempre.
Las lágrimas de Elijah Mikaelson cayeron por su rostro hasta llegar a las mejillas de su esposa. Ya no encontraba sus ojos, ni su vida. Ya no era nada. Estaba solo, perdido… No había nada a su alrededor. Intentó murmurar algo, pero no salieron más que gruñidos débiles. No sabía cómo levantarse, así que se apoyó de un sentimiento terrible, insufrible e inhumano. Su mano acomodó a Hayley sobre el piso, dejándola reposar como si sólo estuviese dormida. Al acomodar su cuerpo, se encontró con un arma. Antes de levantarse, besó su frente y murmuró con la voz quebrada—: Buenas noches, amor—. La observó por unos segundos, justo cuando el resoplido de un hombre se escuchaba a unos cincuenta metros, así que se permitió que ese impulso se adueñará de sus sentidos. Arqueó los hombros, se arregló el sucio saco. Alzó la barbilla y comenzó a caminar. Sus pasos fueron lentos, pese a que sólo deseaba ir rápido. Pronto, la silueta del chico que había cuidado desde que tenía memoria se hizo notar. Su sonrisa arisca provocó que algo en su interior explorará. Klaus comprendió su mirada, esperaba a que Elijah viniera, porque sabía que Hayley ya estaba muerta.
— Hermano, creí que tardarías más—se burló el híbrido, extendiendo los brazos a sus lados, provocándolo—. Ahora es tu parte—musitó, acrecentando es sonrisa y preparándose.
Elijah no atacó, lo observó, lo analizó. No habrían segundas oportunidades. No habrían juegos, esta no era una lección que daría a su hermano menor. Elijah iba a hacerlo sufrir. Sufrir hasta la agonía por haberle arrebatado a la mujer que más había amado en su vida. —Está vez no vamos a jugar Niklaus—aclaró—. Tuviste una oportunidad… Te di una oportunidad, te convencí de ser el rey y tener a tu heredera, y por celos sin sentido perdiste todo. Pudiste tenerlo todo—recitó, paseándose a su lado, pero sin enseñar la daga—. Y como suele ser, lo perdiste.— Sus ojos se clavaron en él, que alguien le dijera la verdad provocaría a su hermano menor, pero eso es lo que deseaba—. Felicidades, al fin haz obtenido que te llame como más haz odiado—lo fulminó con la mirada—: Bastardo—escupió con desdén.
El híbrido no borró su sonrisa hasta escuchar las palabras de Elijah. No eran nuevas, por años le había recriminado por su comportamiento, pero esta vez le pareció escuchar algo que no había escuchado antes: falta de fe. Cuando escuchó la última parte, sus labios se entreabrieron con sorpresa. —No debiste quitármela—recriminó con necedad—. Tú pagarás—amenazó, mostrando los dientes para abalanzarse contra el original.
Los cuerpos colisionaron, el golpe de Klaus se dirigió a su mandíbula. No podía ganarle, era más poderoso. Elijah se levantó y se impulsó para golpear su pecho, provocando que se golpeará contra un árbol cercano. No le dio tiempo para pensar, como siempre hacía, y se acercó a él para golpear su rostro con fiereza, sin dejarlo si quiera parpadear. Klaus giró sobre sí mismo para repetir los golpes hacia Elijah. Los golpes fueron fuertes para ambos lados. Klaus denotó su parte lobuna cuando sus ojos se colorearon de dorado. Tomó parte de una rama, dispuesto a terminar, al menos por un momento, con la existencia de su hermano. La levantó listo para asestarle contra su pecho. Elijah se fingió malherido, mientras su mano derecha se colocaba a la altura de su riñón, y justo cuando Klaus se acercó, el original le enterró la daga. Su hermano abrió la boca de forma exagerada, sus ojos casi se salieron de sus órbitas debido a la sorpresa. Apretó los dientes, mientras Elijah tomaba su cuerpo, para que no cayera—. Ahora eres tú quien necesita pagar—soltó el original, dejando que finalmente su cuerpo tocará el piso. Dormido, hasta que él lo dispusiera.
Los ojos de la loba luchaban por aún poder mantenerse despierta pero su cuerpo parecía no querer cooperar, el veneno se extendía alrededor de toda su sangre y lo único que trataba era nada de lo que había pasado hace unos segundos, que ellos estaban juntos aunque fuera en su último momento. Sonrió débilmente escuchando sus palabras y colocó su mano en su mentón acariciándolo. —Tu pésima esposa…— Dijo en un tono bajo, ni siquiera realmente habían podido disfrutar de aquel matrimonio que tanto habían anhelado. —Lamento haberte apartado todas estas semanas, Elijah. Tú siempre estuviste ahí— Su mirada se quedó fija en la suya. —Gracias por haber entrado, valió la pena la espera porque jamás me he enamorado de nadie más— Hayley de algún modo estaba recargada en el cuerpo de Elijah y su cuerpo reposaba recostada sobre sus brazos pero sus labios se juntaron con los suyos sintiendo sus ojos cristalizados pero seguía el beso, Hayley no querría en manos de otras personas que no fuera él, la última persona que viera, que sintiera, que estuviera con ella. Su mano siguió acariciando su mentón y seguía con la misma sonrisa débil. —Hace frío— Sentía un ligero escalofrío recorrer todo su cuerpo pero había dejado sin contestar lo último porque sabía que tenía que hacerlo. —Prométeme que seguirás adelante y criarás a Hope como si fuera tu hija, merecen ser felices— sus latidos se iban debilitando y su fuerza disminuía. —Te amo, Elijah— Fueron sus últimas palabras que pronunció antes de que su corazón dejará de latir. El veneno se había esparcido por todas partes, pero de igual modo se había esparcido la sangre de Hope lentamente por el sistema y retirando el veneno.
Hope había entrado con una sonrisa en su rostro para buscar a Davina y a Jackson, se quedó escondida y se asomó por el barandal escuchando su conversación de que tenían que irse de ahí antes de que más gente cayera, Hope no había entendido pero bien escuchó que hablaban sobre su tía Rebekah que no había visto por lo que tenía pensado ir a buscarla. No es que no confiará en ninguno de ellos y menos si su madre le habían mandado pero le intrigaba saber que había. La sensación de angustia había regresado a ella y decidió salir corriendo pero al ver a su padre a lo lejos se fue por el otro lado corriendo esperando que no la siguieran. Hope sintió un dolor en su pecho dos ocasiones, una por lo de Hayley y la otra por lo de Klaus, estaba conectada y se había detenido recargada sobre un árbol cuando su respiración se agitó. Se acercó aún al escuchar voces pero Hope volteó al ver una presencia que reconoció. —¿Abuela? — sonrió levemente aunque aún agitada pero como siempre solo le preguntaba sobre la daga la cuál la había dejado en su cuarto o eso creía porque al voltear al piso ahí estaba, siempre aparecía pero negó con la cabeza en ese entonces porque se volteó al escuchar un grito y se acercó corriendo al ver a Rebekah en el piso. —¡Tita Bekah! — No sabía que hacer pero necesitaban ayuda. —¡Ayuda! ¡Alguien! — Estaba herida, cuando Hope volteó vio un lobo que se había acercado a ella pero Hope sin siquiera saber como y solo pensar que la soltará había salido volando, parpadeo varias veces y volteó de nuevo hasta Rebekah. —Estarás bien, Tita— Le prometió.
Davina no había querido formar parte de la despedida de la loba o el suceso entre los tres, el plan no había estado en sacrificar a Hayley pero no habían podido hacer nada. — Hayley va a morir, no creo que soporte ni siquiera la hora— Le comentó al lobo en tono serio, ella había realizado un trato sobre Nuevo Orleans, faltaba que cumplieran su parte. “Será mejor que reunamos a los que quedan, como mencioné antes perdí el contacto con las brujas por lo que no puedo saber cuántas aún viven” Realizó una ligera pausa antes de continuar — Al parecer alguien tiene a Rebekah o fue atacada, el plan era reunirse todos aquí— La bruja había salido de la cabaña buscando algún rastro de los tres pero no habían tenido que caminar mucho para encontrar el cuerpo de Hayley en el piso, se arrodilló colocando su mano sobre su sien comprobando que había fallecido y se levantó, su vista volteó hacía Jackson para indicarle que continuarán buscando a los demás.
Marcel había sido testigo del ataque de Elijah y Klaus pero nunca fue testigo del ataque que había tenido hacía Andrea Labonair, nunca había sido ese su plan y no había estado de acuerdo. Marcel la había salvado hace muchos años cuando tan solo era una bebé. Lo único que quedaba ahora era salir con Davina de ahí, el vampiro caminó por los bosques en busca de la bruja pero sintió una presencia detrás suyo por lo que se volteó. — Elijah, lamento lo de Hayley— .