Elijah Mikaelson había sufrido ciertos cambios a lo largo de su existencia. incluso entre vida y su transformación como original, Elijah mantuvo en esencia lo que era; mas ahora su mente parecía otra. Se vestía aún con los trajes limpios y cabello impecable; pero en su mirada no lograba verse más que como una imitación de lo que había sido. Se mantenía entre aquellas cuatro paredes. A veces, cuando veía a Hayley, su corazón le rogaba acercarse a ella y tomarla entre sus brazos, olvidarse de todo y ser feliz. Pero su mente se impedía, incluso cuando miraba a Hope. La mirada que le dedicaba era fría, escasa de emoción. Su relación se había roto.
Mikaelson se paseaba por el pueblo como un alma perdida. Asesinaba sin piedad y pronto se había ganado un nombre como asesino serial. Los humanos jamás lograrían localizarlo; en cierta forma, se volvió un tabú social que los pueblerinos prefirieron callar, a temor de ser tachados como dementes. Una criatura oscura gobernaba las calles, era mejor callar.
Aquel día se introdujo en su hogar luego de asesinar a una familia completa. Estaba manchado de sangre, especialmente en su rostro. Elijah no se percató de su estado: pero su mente negra se aclaró al observar a Hayley, como si despertará de un letargo que no era el suyo.—¿Hayley?—Sus labios pronunciaron el nombre como si no al conociera. Sin embargo, sus brazos lograron sostenerla—. ¿Qué te sucede?—Inquirió, parecía más una demanda que un tono preocupado; y aunque tenía ambas, su voz sonaba demasiado rasposa. Mikaelson no hablaba, sólo asesinaba.
Su vista se fijó en el original que lo tenía de frente aún sosteniéndose de él de la manera que podía pero ese instante no pensaba en lo que ocurría con ella por lo que no contesto. Se preguntaba que ocurría con él, porque su vestimenta estaba llena de sangre fresca. Hayley se negaba a creer que Elijah había asesinado a humanos, fue todo lo contrario, que había defendido a todos ellos del monstruo que se hablaba en el lugar desde hacía algunas semanas, meses quizás pero la mayoría del tiempo se hacía de oído sordo sobre todo ese artefacto. —No es nada— No importaba, esperaba que simplemente fuera algo pasajero. Volteó a verlo tratando de demostrar que se encontraba bien pero sus ojos volvieron a mostrar las venas a su alrededor, el olor de su sangre lo provocaba. Estaba muy sedienta, mucho más de lo usual, como sino se hubiera alimentado en días o inclusive semanas. Desde la habitación escuchaba el corazón de Hope y su sangre recorriendo su cuerpo. —¿Qué te sucedió? ¿Dónde estabas?— necesitaba distraer su mente y ciertamente ya se estaba cansada de hacerse la ciega. —¿Qué ocurre contigo? Desapareces por las noches, inclusive por días. Tu cambio de humor, tan distante. No solo conmigo, con Hope— No era un reclamo del todo pero estaba cansada y harta de la situación, viendo como su familia se desmoronaba poco a poco y sin quedarse sin hacer nada. —I-Ire por una bolsa de sangre— No soportaba más el olor pero tampoco quería salir llena de sangre y que Hope la viera. Hayley buscó cualquier ropa para cambiarse dejando la en el piso y salir para ir al sótano.
Hayley fue directo al sótano para buscar una bolsa de sangre pero había bastantes en el piso vacías, de ella esa misma noche. Tomó una de las tres que quedaban para beber de esta y tratar de limpiar el resto. Necesitaba más sangre, tendría que ir de nuevo al hospital a robarlas. Las bolsas se terminaron antes de que se diera cuenta y su cuerpo exigía mucho más.