Elijah asintió con la cabeza, mientras una pequeña sonrisa se escapaba de sus labios. Él no recordaba desde cuándo habían decidido acuñar la palabra vampiros, ni siquiera quién la había comenzado; lo único que su madre le había narrado es que serían inmortales, que nadie les haría daño, como lo habían hecho con su hermano menor. Pensar que esa había sido la única razón, lo hacía sonar como algo realmente de una madre a sus hijos. Pero ahí no había terminado la historia. Los inmortales que alguna vez Esther había creado se habían transformado en algo que ella no había sido capaz de controlar. Se habían convertido en monstros, aprovechando esa inmortalidad para saciar sus propios fines. ¿Acaso Elijah podía ser el juez y verdugo de sus hermanos? No, jamás lo había sido. Siempre se había limitado a levantarlos cuando cometían un error, a reunirlos por creer que aún podían permanecer juntos, a sanarlos cuando parecían estar rotos. Rememorándolos, podía decir que realmente no había ganado las batallas. Rebekah tenía clavada una estaca debido a la salvación de Elijah. Kol estaba muerto, y él se había enterado muchos meses después, y tampoco podía salvarlo. Niklaus, quien había perdido la cabeza por un ataque de pertenencia, ahora no era más en lo que siempre había temido que se convirtiera: un verdadero monstro. Ahora estaba con Hope y Hayley, y esperaba poder mantenerlas completas, sin que ninguna parte de esa nueva familia se rompiera. ¿Era posible? ¿Acaso era posible pedir más de la cuenta? Quizá era un pensamiento egoísta, casi rebasaba los límites de su pensamiento. Pero lo pedía, lo quería.—Estoy de acuerdo con ello. Hope es pequeña, pero comprende más de lo que podríamos imaginar—concedió, pensando en la pequeña y sus características. Su edad le hacía verse como una niña ordinaria, pero ambos sabían que no lo era.
A lo siguiente, correspondió con una sonrisa y con un leve encogimiento de cabeza. Estaba seguro de la originalidad, creatividad y emoción de Hope. Prueba de ello eran los cuadros, dibujos y otros bocetos que reposaban en cada una de las paredes de la casa.
Elijah no podía comprender por qué Hope había salido sin avisarles. Comenzaba a creer que había algo que le había atraído. ¿Qué más podría ser un impulso? Tenía que ser algo o, en el peor de los casos, alguien. Mikaelson dudaba de sobremanera de que se tratase de su hermano, ¿cómo habría podido seguir el rastro de forma tan perfecta? Esperaba no subestimarlo, pero pronto ataría los cabos sueltos.
Se quedó quieto mientras Hayley ayudaba a Hope a salir de aquel agujero que se había abierto. Elijah echó un vistazo a su alrededor, como si aquella acción le fuese a ayudar a encontrar la respuesta, pero, ¿dónde más si no? Tendría que triplicar la seguridad, transformar algunos otros humanos… O mudarse. Todas eran igual de factibles, pero no del todo satisfactorias. Si se trataba de Niklaus, los mataría a todos en un abrir y cerrar de ojos. Y si era alguien más… Ya estarían muertos. Era una situación complicada, y debían de resolverla cuanto antes.
Siguió a ambas por la vereda hasta la mansión, pensando todavía. Aunque no lo hizo con demasiada cavilación, pues esperaba a asegurarse de que Hope estuviera bien. Cuando Hayley pronunció el diagnóstico se sintió aliviado. Simplemente necesitaría unos minutos para recuperarse por completo. Mientras Hayley pasaba de un lado a otro, Elijah miraba a Hope en silencio. Ella no se dirigió a él, ni un segundo. Pero Elijah lo entendía, y esperaba que también Hayley, era el momento de decir la verdad.—¿Qué te impulsó a salir?—preguntó el original con delicadeza, pues no quería asustarla más de la cuenta. Espero a que la loba hiciera contacto visual para comunicarle que era momento, toda la verdad tenía que salir a flote.—¿Viste a alguien?—añadió, entrecerrando los ojos—Puedes decirlo, ten confianza en nosotros—pidió, mientras sus labios se abrían para dejar que una corriente de oxígeno innecesario entrara por su tráquea.
Sus ojos los cerró por un momento pensando en todo lo que había pasado pero sobre todo habían dos sucesos que venían a su mente, su abuela y aquellos ojos que la habían estado observando. No quería abrirlos, pero el silenció le invadía por un momento y que sentía pero las palabras que escuchó ejercidas de Elijah fueron amables, sabía que estaba preocupado pero ni siquiera ella estaba segura de porque lo había hecho. Notó la mirada entre sus padres y parecía como si estuvieran poniendo de acuerdo para algo pero no lo entendía. —No lo se, solo quise salir— mintió, pensaba que había sido un sueño pero no quería que pensaran que estaba loca porque lo había pasado no tenía nada de sentido. Desvió la mirada negando con la cabeza y regresó su vista hacía él. —No, no vi a nadie— mintió una vez más pero su mirada se fijo por unos momentos en el piso aunque no había durado por mucho pero su vista siguió hacía su madre. —¿En el piso?— volvió su vista hacía ahí. —No hay nada ¿Tú ves algo?— Pero no podía explicarle que se la habían dado y que ella no podía verla, ni siquiera estaba segura de que era todo ello pero le era confuso. Su cuerpo temblaba y dejó que su cuerpo rodeará el suyo pero cerró los ojos siguiendo el abrazó por un momento hasta que sintió que se separaba pero no entendía a lo que se refería. —¿De qué esta hablando mamá?— volteo a ver a Elijah sin entender nada pero quería una explicación. Creía que todo ello tenía algo que ver con sus sueños y lo que le había pasado, sinceramente creería todo lo que le dijeran, nada podía ser peor de lo que había pasado. Escuchaba hablar a su madre que en realidad no decía nada, solo estaba titubeando pero lo último que dijo le llamó la atención y se atrevió a interrumpirla. —¿Cómo magia?— fijó su mirada en Elijah pero escuchó lo que decía Hayley por lo que regresó su vista hacía ello. —Espera… ¿La magia existe?— sus ojos se ilusionaron, sin duda eso era fenomenal. —¿Todos pueden hacer magia? Quiero hacer magia ¿O solo puedes tú?— preguntó intrigada. —¿Soy bruja? ¿Y puedo hacer pociones?— ríe ligero, no era de broma, solo que no se imaginaba a ella haciendo eso pero quería. —¿Entonces tú que eres? ¿Y tú?— miró a Hayley primero pero después a Elijah pero estaba sorprendida con lo que decían aunque emocionada, eran una familia con super poderes, o bueno, distintos a los demás. —¿Existen? ¿Y qué más existe? ¿Qué era mi padre?— se atrevió a preguntar, pero imaginaba que había sido un poderoso hechicero.
La mente de la loba estaba en blanco, lo que le venía en mente es que el miedo tan grande que había sentido por que se enterará, todos los años que había escapado y la vida que tuviera normal que había soñado se iba a venir abajo en solo un momento. Para Hayley lo que menos quería era que su hija sufriera, pero tenía que saber la verdad para poder defenderse. Por más que Elijah y Hayley trataban de salvarla había estado ya dos veces en peligro, no podían dejar que pasará nada de eso. Escuchaba las palabras que decía Elijah pero no podía pensar en un momento con claridad pero tuvo que regresar para escuchar las palabras que decía, pero conocía muy bien a su hija cuando estaba diciendo la verdad o cuando estaba mintiendo, en ese momento era claro que lo hacía pero quería saber el porque aunque lo único fue seguir su mirada hacía el piso el cuál no veía nada pero comenzaba a creer que su hija era mucho más poderosa de lo que había imaginado, su vista se levantó al Original que al parecer tampoco había visto nada. Su mirada se quedo centrada en la de Elijah por un momento pero después en la de Hope, se sentó en la cama haciendo que fijará su vista en la de ella. —¿Qué hay en el piso?— se atrevió a preguntar, lo que no le extrañó el ver la sorpresa en su mirada pero les estaba ocultando algo pero quería saber el que era. La loba la abrazó sin más, acariciando su espalda y sentía que su cuerpo temblaba. —Esta todo bien, te lo prometo— le decía aún acariciando su cabello y se separó de ella un poco para poder mirarla. —Hope, es tiempo de que sepas lo que ha estado pasando estos días pero sobre todo porque siempre has sido diferente al resto— tardó unos segundos en continuar para poder buscar las palabras adecuadas de decirle. La loba fijó su mirada en los ojos de Hope quién parecía muy curiosa. —Como ya te comenté tú no eres una niña como los demás, eres muy especial. Nunca quise decirte sobre ello porque consideró que aún eres muy pequeña pero tienes derecho de saberlo. Verás, hay cosas que te han pasado sin que entendieras que paso ¿Cierto? Como… —Iba a continuar pero ella le dijo la respuesta a lo que asintió con la cabeza. —Sí, si existe la magia y yo no puedo hacer magia pero tú sí. Solo las brujas pueden hacer magia— susurró pero sonrió, su hija era tan linda que siempre tomaba todo para bien. —Yo soy un lobo— hablo pero dejó que Elijah pudiera decir lo suyo. —Es por eso que no estoy cada luna llena— pero la mirada de la loba la desvió al escuchar lo de su padre, no tenía más palabras que decir. Miró a Elijah pidiendo su ayuda para que el siguiera.