Mi nombre es Hayley, mi lugar de residencia es privado, quienes llegan a saber de mi es porque realmente saben guardar un secreto ¿Podrás tú? Lo único que diré es que vivo con mi adorable hija, Hope Mikaelson Marshall.
Solo una simple chica atraída por la luna llena y su corazón latiendo por un vampiro original.
Elijah sabía que los tiempos cambiarían una vez que Hope comenzara a preguntarse lo que ocurría a su alrededor. No tenía un tiempo estimado, pero sabía que debido a todo lo que ocurría a su alrededor, no tardaría mucho en ocurrir. Ya lo había confirmado. Habían hablado con ella luego del incidente en el bosque. Elijah aún seguía desconfiado. El hecho de que alguien peligroso estuviese cerca se le antojaba imposible. Después de todo, se suponía que tenía miradas en todos los alrededores. Trató de que su mente se despejara los próximos días, pero le pareció imposible. Sin embargo, había algo más urgente que debía atender: no podía dejar pasar más el tiempo de su hermana con la estaca. No se lo merecía.
Sin dudas, le anunció a Hayley que se ausentaría durante algunos días. Prefirió guardarse para él mismo la situación, no quería que se preocupara, ni alarmara a Hope, auqnue tenía que admitir que separarse de ellas, cuando al fin estaban juntos, le parecía terrible.
Al día siguiente, partió hacia Nueva Orleans. Aquel pueblecillo en donde habían pisado tierra americana, y habían logrado tener un hogar alguna vez. Y luego por segunda ocasión, pero ahora todo eso no era más que un recuerdo. Elijah se había cansado de alguna u otra manera de tratar de recuperar a una familia que estaba rota. Desde hace años había comprendido que la definición de roto, algunas veces no podía repararse.
Al llegar a Nueva Orleans, el clima templado le dio la bienvenida. No había cambiado demasiado, las brujas por un largo y Klaus por el otro. Se adentro de forma cautelosa y luego atisbó al hombre de confianza que sabía con exactitud en donde estaba su hermana. Esperó a que Klaus se marchara y luego se adentró en aquel sitio que hacia llamar hogar. Tampoco había cambiado, y si su hermano fuese más inteligente, no hubiera dejado a Rebekah en un lugar así, tan fácil de encontrar, pero Elijah lo conocía, la había dejado ahí por una razón: no quería estar solo. No esperaba que fuese tan fácil, pero el arrancar corazones nunca había sido difícil para él, así que lo hizo. Abrió el ataud que contenía el cuerpo dormido de su hermana y le sacó la estaca. Tardaría en recuperarse, pero se llevaría su cuerpo. En menos de media hora, ya se encontraba cerca de un poblado. Colocó a su hermana en una cama y consiguió algo de sangre. Por lástima, sólo eran bolsas de snagre, ya que no podía arriesgarse a dejar algún rastro. Esperó con paciencia y Rebekah poco a poco fue abriendo los ojos. Elijah sonrió a su hermana.—Bienvenida—le murmuró, y le dio la bolsa de sangre.
Rebekah sonrió débilmente cuando la luz volvió a sus ojos. ¿Cuánto tiempo habría estado dormida esta vez? Maldito Nik. Maldito Nik. Respiro profundo, pero cuando miró a Elijah se echó a sus brazos. Le había prometido que volvería y aquí estaba.—Elijah—pronunció, dando a entender que le agradecía que volviera por ella. En cuando le dio la bolsa puso un gesto extrañado.—Preferiría beber del origen—se quejó, pero tenía tan sed que no le importó. La bebió en dos segundos.
Rebekah se recuperó en cuestión de minutos, y Elijah le informó que debían irse, no podían esperar a Niklaus se diese cuenta de su ausencia. Había cuidado de no dejar rastros pero sabía que inevitablemte sabría que había sido él el culpable de la liberación de la original. Cuando estuvo seguro de que todo estaba bien en los alrededores, partió junto a su hermana al otro lado del mundo. Al poblado de los países bajos. En cuanto lo atisbaron se acercaron a él, y dio las indicaciones para que confiaran en Rebekah. Llegaron al sitio sin contratiempos. Elijah abrió la puerta con cuidado, pero con el suficiente ruido para hacerse escuchar. Las escaleras se volvieron estruendosas cuando Hope bajo a toda la velocidad y se abanlanzó hacia él. El original la recibió con los brazos abiertos y la levantó del suelo, permitendo entrecerrar sus ojos para que el aroma llegara a sus sentidos. Se sintió también. Abrió los mismos y atisbó a Hayley, esta vez se iluminaron. Le sonrió y dio un asentimiento de cabeza, casi como un saludo, aunque él deseaba abrazarla de la misma manera, aunque si todo funcionaba como él lo deseaba, podría hacerlo cuantos veces quisiera. Se separó sólo unos centímetros y le indicó a Rebekah acercarse.—Hope, ella es Rebekah—la presentó, con una gran sonrisa ladeada en sus labios.
La castaña podía jurar que había creído que su vida llegará a ser de ese modo, sí le dijeran a su ella de hace 15 años jamás creería que tendría una hija o por todo lo que había pasado. Sus pensamientos estaban en ello, el pensar que su hija necesitaba lo mejor y estaba frente a ella, era su familia después de todo. Una leve sonrisa se había dibujado en su rostro al momento que veía a Elijah con Hope, seguía sin creer que esos meses se había vuelto el padre que Hope siempre había querido y aunque ella no aceptará en sí le alegraba enormemente que el hombre estuviera con ellas, jamás había dejado de sentir por Elijah en todos esos años, lo amaba pero había sacrificado tanto por ello e incluso estuvo a punto de hacerlo con su hija que temía lo que pasará sí Klaus sí quiera los descubriera.
Hayley se acercó a ellos al momento que Elijah la estaba presentando para ver la reacción de su hija y sonrió un poco, la mujer simplemente podía ver en sus ojos como estaba ilusionada. —Hope, ella es tu tía— Volteó a ver a Rebekah y la abrazó, tenía mucho que no veía a la mujer y sabía lo que había hecho para liberar a Elijah, un gracias no era suficiente pero era un comienzo. —Gracias, Rebekah— Le susurró al oído aunque sabía que tanto Elijah como Hope les podían escuchar, se separó de ella cuando vio que Hope le daba su mano y se la llevaba a su habitación, seguro que le querría enseñar sus cosas a lo que dibujo una leve sonrisa. —Hope, no tarden que aún no hemos comido— Le recordó a su hija pero el verla con esa ilusión era imposible decirle que no a lo que asintió con la cabeza por ello y al verlas perderse por las escaleras su vista la volteó hacía el original que acaba de llegar y su sonrisa se amplió, lo había extrañado. Ya estaba muy acostumbrada a su presencia que era imposible no hacerlo, se acercó al hombre tímidamente pero lo abrazó. —Maldición, Elijah. Me tenías muy preocupada— Comentó en un hilo de voz y solo cerró los ojos, sintiendo al hombre un momento. Temía que Klaus lo hubiera encontrado o hubiera hecho algo pero al saber que había ido hasta New Orleans había sido mil veces peor el asunto. Quería hacerle mil preguntas pero nada se articulaba de sus labios, lo único que sentía una tranquilidad de que estaba a salvo y además de que no había llegado solo si no con Rebekah, se separó levemente y lo miro a los ojos sin borrar la sonrisa que tenía en el rostro. —Te he extrañado como no tienes idea— Le dijo al hombre, no pensaba lo que traía sus palabras, solo decía lo que sentía por un momento y quería el solo poder dejar de ser lo dura que siempre presentaba sobre todo cuando Hope estaba cerca.
Hope se quedo abrazando a su padre por un buen rato, para ella una familia era mucho más que solo gente viviendo juntas. Era algo que añoraba y era lo más sagrado que podía haber. Siempre su madre había sido lo más importante y pensaba que era su único familiar pero desde la llegada de Elijah se sentía completa, su búsqueda de su padre había concluido y por más que la mujer que decía que era su abuela le seguía hablando cuando pintaba no mostraba mayor interés, estaba llena con ellos pero ahora su mundo se abría con la llegada de alguien más en su vida, su tía Rebekah. A pesar de aún estar en brazos de Elijah podía ver perfectamente a la mujer que tenía alado. Escuchó las palabras de su padre y dibujó una sonrisa tierna, le parecía agradable la mujer y debía de ser de confianza para que se la presentarán de ese modo. —Hola, soy Hope— le dijo a la mujer al momento y con la mano le saludo moviendola pero se detuvo siguiendo con su mirada a mamá al momento que se había acercado y sus palabras provocaron que la mirada de Hope cambiará por completo mostrando ilusión. ¡Tenía más familia! Pasaba por la mente de la niña al momento y en su interior dando brinquitos de la emoción.
—Tita Bekah— Le dijo al momento que la vio. Le hizo solo un gesto a su papá para que la bajará pero no sin antes depositar un beso en su mejilla. —Que bueno que estás aquí, papi. Te extrañamos mucho, mami no sabe dar clases de pintura como tú— La niña al momento que estuvo en el piso tomó la mano de Rebekah. —¡Te enseñaré mi cuarto, Tita!— Decía emocionada la niña y al momento que estaba corriendo para subir las escaleras escuchó la voz de su madre que provocó que volteará. —Oh mami, deja que Tita Bekah conozca todo— Sin más terminó subiendo con ella hacía el cuarto que no estaba lejos. —Por aquí— La guiaba que tuvieron que pasar por unos cuartos y cuando llegaron provocó que entrarán. La niña no sabía por donde comenzar, habían miles de cosas que podían hacer y le emocionaba. —Este es el señor lobito, es mi peluche favorito y lo tengo desde que era bebé— Lo que no tenía idea era que su verdadero padre era quién se lo había dado. Después le seguía enseñando varias cosas. —Dime algo de ti, ¿De donde eres? ¿Por qué no habías venido? ¿Por qué hasta ahora? — Sí algo era mucho era curiosa. Se sentó en una pequeña silla en la mesita que tenía para que jugaran a tomar el té. La niña tomó la teterá y les “sirvió” a ambas su té. —Aquí tiene señorita Bekah— Tomó la copa y alzó el dedo meñique como modal para después fingir que tomaba un poco del té.