Mi nombre es Hayley, mi lugar de residencia es privado, quienes llegan a saber de mi es porque realmente saben guardar un secreto ¿Podrás tú? Lo único que diré es que vivo con mi adorable hija, Hope Mikaelson Marshall.
Solo una simple chica atraída por la luna llena y su corazón latiendo por un vampiro original.
El cuerpo de Klaus cayó al piso, con el cuello sosteniendo su cabeza. Una posición incómoda que en otro momento provocaría que la respiración no fuese sencilla, pero siendo el híbrido, eso no importaba. Seguía vivo, pero estaría quieto hasta que Elijah Mikaelson decidiera lo contrario. Todo parecía disperso a su alrededor, trataba de que las palabras de Hayley Marshall fueran las únicas que le llegarán a la mente: “Prométeme que seguirás adelante y criarás a Hope como si fuera tu hija, merecen ser felices.” Le resultaría tan fácil quebrarse, dejarse caer. Apagar su humanidad, pero tenía alguien por quien estar de pie, alguien por quien luchar. Aún le debía mucho a Hope, todavía debía ceñir el dolor a sus huesos. Se giró para ver los restos, poco a pocos las imágenes fueron apareciendo, cada integrante muerto, Diego se encontraba a un par de metros, cerca de los límites del bosque. Otro gesto de dolor se asomó por sus facciones, pero se apresuró a borrarlo. No podía hacerlo, no podía dejar que su cuerpo sintiera. Ya no. — Rebekah—murmuró aquello con esperanza, la había perdido de vista a inicios de la batalla. Buscó con la mirada alguna señal de la rubia, pero no había más que cuerpos de vampiros, brujas y lobos, pero no ella. Frunció ligeramente el ceño, justo en el momento en el que alguien le hablaba a su espalda. Marcel Gerard. El pupilo de Niklaus, se decía que aprendió todo de él, quizá no era una mentira. Recordó el acuerdo al que llegaron, un completo fallo. Debía imaginar que la lealtad de Marcellus estaría al lado de Niklaus. Parpadeó un par de veces hasta que su mentón se endureció. En dos segundos, Elijah tomó al hombre del cuello, rodeando con su palma el mismo por completo—. Nos traicionaste y aún así lo lamentas, al menos no huyes a tus problemas, ni a tus acciones —declaró, con los ojos hundidos, vacíos. No había nada en Elijah Mikaelson. Su mano libre subió a la altura del pecho, justo en su corazón. Con fuerza, su mano atravesó sus músculos hasta llegar al motor de la vida, lo único que le hacía estar vivo. Observó el rostro de dolor del vampiro, así que lo estrujo—. Y por eso morirás—acató, retirándolo de una vez por todas. Lo tiró al piso, sobre Marcel cuando este ya había caído.
Cassie se desvaneció, no era más que un ente que se deslizaba de un lado a otro en la batalla. Una sonrisa apareció en su rostro cuando observó a Klaus caer, no faltaría mucho para que despertará de nueva cuenta, pero le parecía bien la lección otorgada. Sus pies se deslizaron por el cuerpo de la segunda hija que había dado luz, no en este cuerpo, pero así era. Se acercó a ella y se agachó a su lado. Acarició su mejilla, mientras veía las heridas causadas de los lobos. No eran mortales, pero le harían agonizar. — Nos veremos pronto, hija—musitó, levantándose para desaparecer, antes de que otra persona arribara al lugar.
Rebekah había perdido la consciencia cuando el veneno de los licántropos había sido demasiado. Aunque a este punto, no sabía si agonizaba, deliraba, o todo era producto de un sueño. Quizá todas. Sus labios se entreabrieron, así como sus ojos. La luz le lastimaba, le quemaba. El sol ya no estaba, pero cualquier iluminación cambiaba la situación. Una figura apareció frente a ella, se esforzó en mirarla pero le resultaba difícil. No podía sentirla pese a que estaba a su lado, creía que se debía a las alucinaciones, la palabra hija dentro de sus palabras era muy extraña. Volvió a desvanecerse, y cuando volvió en sí, tan sólo pudo atisbar a Hope a su lado. —Ho-Hope—trastabilló, las fuerzas no le permitían levantarse.
El original regresó al cuerpo de Niklaus y lo levantó, no podía dejarlo pese a que deseaba hacerlo. Por primera vez en su vida deseaba abandonar al hombre al que le había dado su fe. Se encaminó a la cabaña, observó a Davina y al alfa, pero pasó de largo hasta colocar el cuerpo del híbrido alejado de las miradas, nadie podría darse cuenta que se trataba de él. Se giró para observar. — ¿Dónde está Hope? ¿Saben algo de Rebekah?—Cuestionó, extrañado.
Hope había seguido
gritando pero no escuchaba pasos, ayuda de nadie y simplemente veía a Rebekah
herida sin saber que podía hacer. La niña seguía sintiendo un terrible dolor en
el pecho pero no podía explicarlo, podría ser simple ansiedad pero sabía que
era algo más. “Estarás bien” Volvió a repetir la niña, se acercó a ella tomando
su mano sin dejar que hiciera esfuerzo porque suponía que sería peor. —¿Qué
paso? Mamá también estaba enferma pero no entiendo que pasa, no he visto a papá
Klaus en todo el día y me tenía encerrada hasta que papá Elias me sacó— Hope
se acordó de que había estado con su mamá y como había mejorado cuando le dijo
sobre su sangre pero no sabía si con Rebekah fuera a funcionará pero debían de
probar. La niña buscó a los lados una rama o algo que utilizó para cortar su
brazo dejando que unas gotas salieran pero las acercó a Rebekah obligándola a
beber de ella. Si funcionó con Hayley tal vez podría funcionar con ella y era
lo que esperaba. Solo deseaba poder pasar un buen rato con sus padres, en
familia, no separada de uno y de otro, aunque le hizo recordar cuando siempre
solamente estaba con su mamá que nunca estaba en casa por estar trabajando y si
estaba a pesar de estar cansada estaba con ella o jugaba, la vida de Hope
siempre había sido su madre, vivieran donde vivieran, había perdido tantos
amigos que ni podía recordar pero lo que más le habían dolido fueron la última
vez que se mudaron, donde conoció a Elijah que realmente había cambiado la vida
de ambas. —Papi Elias ya vendrá— Podría notar que se comenzaba a sentir mejor
y eso le alegraba, lo que menos quería era ver gente herida y aún recordaba los
ataques que habían pasado pero debían después buscar a los demás para irse de
ahí, no le gustaba en nada pero tampoco sabía con quién iría o que pasaría,
suponía que no todos vivirían juntos y por algo habían estado separados pero
ella quería que fuera de ese modo aunque ahora solo le apetecía estar con
Elijah y Hayley, los había extrañado tanto y jamás había creído estar tanto
tiempo separada de su madre.
Davina estuvo con
Jackson intentando reunir a los más que podían para salir de ahí pero no muchos
habían sobrevivido aunque si varios y los que venían con Klaus se habían
retirado traes su caída. Se sentía orgullosa que después de todo la daga
hubiera funcionado, si hubiera sabido se la hubiera enterrado desde hace años
pero simplemente ahora tenían una salida, una alternativa y solo lo comprobaron
cuando había traído Elijah a Klaus con la daga clavada. —Así que si funcionó—
recalcó la mujer al instante que veía pero su pregunta provocó que alzará una
ceja —Salió contigo cuando la llamaste, no la volvimos a ver desde ahí y a
Rebekah desde que llegamos— respondió la bruja ante su pregunta, Davina regresó
a la cabaña para buscar a la pequeña pero no había rastro de ella. —No está en ningún
lado— dijo alterada, la única razón por la que habían llegado era para sacarla
de ahí y no estaba más.