Mi nombre es Hayley, mi lugar de residencia es privado, quienes llegan a saber de mi es porque realmente saben guardar un secreto ¿Podrás tú? Lo único que diré es que vivo con mi adorable hija, Hope Mikaelson Marshall.
Solo una simple chica atraída por la luna llena y su corazón latiendo por un vampiro original.
El cuerpo de Klaus había sido colocado en la parte subterránea de su hogar. Vigilado las veinticuatro horas del día. Elijah no solía visitarlo, aunque lo hizo a la tercera semana; el color ya se había desvanecido del rostro de su hermano, sus manos estaban frías y su expresión no revelaba nada. Cubrió el ataúd y subió hasta donde se encontraba su familia. Rebekah y él hablaban acerca de Niklaus, aunque la verdadera interrogante llegó cuando la rubia le contó lo que había creído ver debido al afecto del veneno de los lobos. “No lo sé, Elijah, pero la recuerdo… Ese rostro, esa voz y lo que mencionó: ‘Nos veremos pronto, hija’”.
Elijah reparó en esas palabras durante días, pero sin mencionarle nada a Hayley. Su esposa se encontraba en transición, y parecía mejor no atosigarla con nuevas cuestiones. Además, no podían confirmar que lo escuchado por su hermana era real. Así, dejó que se impregnará en su mente, hasta el final. Dedicó todo su tiempo a enseñarle a la híbrida cómo cazar y controlar aquella sensación de sed que solía embargar a los neófitos.
Sus ojos se abrieron al sentir el movimiento de Hayley. Su vida por ahora no podía ir mejor, eran una familia. Al fin podía ser un esposo y no sólo un padre. Podía ser ambos papeles y también un hermano. En diferentes ocasiones otros pensamientos embargaban su mente, pero así como venían, se desvanecían de la misma forma. Atisbó el rostro de la castaña con una sonrisa, acomodándole el mechón rebelde detrás de la oreja.
—Buenos días, amor
—respondió, correspondiendo a ese corto beso en los labios, justo en el momento en que Hope entraba en la habitación. Le sonrió como saludo, pero no acudió al llamado, ya que Hayley lo haría. Cuando ella regresó, no pudo evitar envolverla en brazos para acercarla más a él.
—Es sábado, prometimos a Hope llevarla a aquel parque
—le recordó. Hope había insistido durante semanas que salieran, pero ambos concretaron que era demasiado pronto. Hayley aun no se controlaba del todo y todavía no sabían quién era esa bruja de la que Rebekah hablaba con insistencia. Sin embargo, los meses pasaron y ya no cabía momento para los miedos, debían seguir—. Pero
—dijo, con una sonrisa— aun es temprano para eso, como bien dijiste
—apuntó, recorriendo la espalda de su esposa con delicadeza.
Su
mirada se quedó en los ojos de su esposo acariciando su mentón sin querer
apartarse un momento. No podía sentir más feliz de tener aquella familia que
tanto había anhelado desde siempre pero sobre todo que nunca creyó tener. Esos
meses había logrado darle a Hope lo que le había prometido cuando estuvo en su
vientre, darle esa familia que podía ver en ojos de la pequeña que realmente
estaba feliz, no es que todos esos años que vivieron juntas no lo fue. Ambas lo
habían sido pero siempre estuvo incompleta, le faltaba un padre, una tía,
amigos, un hogar estable que nunca tuvieron y por suerte eso estaba por
desaparecer. Hayley trataba de pensar de manera positiva, que toda esa guerra
había acabo y que literalmente había muerto pero no le importaba, nada conque
todo se quedará como estaban. —¿Estás seguro de eso? —
Hayley no sabía salido en todo ese tiempo si no era acompañada por Elijah para
que cazaran o que no hubiera grandes multitudes, la única y la primera había
perdido el control de la sangre y no quería que volviera a pasar pero había
pasado un tiempo desde aquello. Confiaba en que si perdía el control él la
detendría, lo que menos querían era llamar la atención. —Pero
tienes razones, no podemos mantenerla siempre aquí. Tiene sus amigos, necesita
convivir. Ser lo más normal que ella pueda—
Como cualquier madre temía que su hija le pasará algo y más con todo lo que
Hope había sido amenazada. —Es temprano, señor
Mikaelson. Podemos disfrutar unos minutos más en la cama antes de levantarnos—
Después de todo era sábado, no tenían prisa. Se acercó rozando sus labios,
sintiendo su cuerpo pegado al suyo y simplemente una sonrisa se formaba. Hayley
quedó acurrucada a su lado, con su cabeza recostada en su pecho pero su vista
quedó hacía la pared. —Jamás alguien había causado esa impresión como lo hiciste tú,
desde el primer momento que te vi. Estaba tan asustada. Embarazada del híbrido
Original y capturada por las brujas, cuando estabas conmigo sentía seguridad,
tranquilidad. Aún recuerdo que fuiste el único que me preguntó cómo me sentía
sobre ser madre y ve aquí, tantos años después. Jamás sentía algo como lo que
sentí por ti y todo esto que tuvimos que esconder por Klaus, pero lo que tengo
más vivo y siempre será es cuando Klaus me hizo elegir entre tú y Hope— Se
quedó callada por unos segundos, tal vez no era el momento para recordar todo
eso. —Aquel día que apareciste después de diez años, volver a verte me
hizo volver a sentir esa seguridad—
Levantó su rostro por unos segundos soltando un ligero suspiro —Lo
que trato de decirte es que estamos juntos, eres la segunda persona más importante
en mi vida, Elijah y no quiero separarme nunca—
Sonrió esta pero se volvió a recostar cerrando los ojos, estuvo minutos ahí
pero sabía que tenía que levantarse para preparar el desayuno de la pequeña.
La niña había intentado dormir pero solo había un sueño muy
random aunque no les había dicho a sus padres que sus extraños sueños. Esas
ganas de despertar dibujar lo que vio habían vuelto, no sabía que significaban
pero cada noche tenía uno de esos dibujos. Se levantó sin hacer ruido tomando
aquella paleta y dejando que los trazos le guiarán, pero tardo dibujando mucho
más de lo que había sido la última vez y en este se veía la estaca de roble
blanco. Hope recordó que la había escondido debajo de su cama. Se agachó y ahí
estaba, lo que no entendía es porque los demás no la venían. La tomó entre sus
manos por solo unos segundos antes de volverla a dejar ahí, tomó el dibujo y lo
guardó con el resto. Cada día trataba de identificar de que se trataban pero lo
único que sabía es que algo tenía que ver su abuela, todos los días soñaba con
ella y a pesar de que era muy preguntona de ella no se atrevía a preguntar
algo, cada vez que si quiera lo pensaba se distraía como por arte de magia.
Salió en pijama sin tener en cuenta que hora era pero la puerta del cuarto de
sus padres estaba cerrada lo que le extrañó pero se encogió de hombros, bajó
las escaleras teniendo en la mano al señor lobito y lo dejó en el sillón para
finalmente encender el televisor y que lo pudiera ver en lo que buscaba algo de
comer. Se subió en un banquito para abrir la alacena esperando que no hubiera
movido las barritas de ahí y tomó la caja buscando una de chocolate, finalmente
cerró la alacena y fue al sillón para ver la televisión en lo que sus padres bajaban.